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“Últimamente cualquier cosa le molesta.” “Antes podíamos hablarlo y ahora termina enojándose.” “Hay días en los que parece que todo le incomoda.”
Los cambios de humor y la irritabilidad pueden aparecer en personas que viven con demencia. Para la familia puede resultar difícil entender por qué una situación aparentemente sencilla termina en enojo, rechazo o frustración.
Pero antes de pensar que la persona “está siendo difícil”, conviene preguntarse algo más útil:
¿Qué puede estar haciendo difícil este momento para ella?
La irritabilidad, la agitación y otros cambios de conducta están descritos dentro de los síntomas psicológicos y conductuales que pueden acompañar a las demencias, aunque su presentación e intensidad varían mucho entre personas y a lo largo del tiempo.
Antes de responder al enojo, intenta entender qué está ocurriendo
Una persona que vive con demencia puede tener cada vez más dificultad para explicar:
- que algo le duele;
- que tiene hambre o sed;
- que necesita ir al baño;
- que está cansada;
- que no entiende lo que está ocurriendo;
- que se siente incómoda;
- que hay demasiado ruido;
- que una actividad le está resultando difícil.
En algunas ocasiones, un cambio de conducta puede ser una de las pocas formas disponibles para expresar malestar.
Las guías señalan precisamente que dolor, fiebre, estreñimiento, infección urinaria u otras molestias físicas pueden manifestarse mediante agitación o cambios conductuales cuando resulta difícil comunicar lo que ocurre.
¿Qué puedes hacer cuando aparece irritabilidad?
1. Baja primero la intensidad del momento
Si la conversación está subiendo de tono, añadir más explicaciones suele aportar poco.
No es necesario resolver todo en ese instante. A veces el objetivo inmediato no es convencer a la persona, sino evitar que aumente su miedo o frustración.
2. Revisa primero las necesidades más sencillas
Antes de atribuir el cambio únicamente a la demencia, pregúntate:
También observa si el cambio comenzó después de una enfermedad, una caída, una modificación importante en su rutina o un cambio reciente en medicamentos. No siempre encontraremos una causa clara, pero revisar primero lo básico puede evitar muchas confrontaciones innecesarias.
3. Habla de una sola cosa a la vez
Una conversación que para nosotros es sencilla puede exigir demasiado esfuerzo cuando existen dificultades de memoria, atención o comprensión.
En vez de:
“Termina de comer, luego te cambias porque tenemos que salir y recuerda que después iremos con tu hija.”
prueba:
“Vamos a terminar de comer.”
Y después continúa con el siguiente paso una indicación a la vez. La dificultad para comprender el entorno y lo que está sucediendo puede contribuir a algunos cambios de conducta en las personas que viven con demencia
4. No conviertas cada error en una corrección
Si la persona está convencida de algo incorrecto, insistir repetidamente en demostrar que está equivocada puede terminar aumentando la tensión. No todas las situaciones necesitan una discusión.
En vez de:
“Ya te expliqué tres veces que eso no pasó.”
puede ser más útil:
“Entiendo que esto te preocupa.”
Después intenta orientar la conversación hacia lo que necesita en ese momento. Comprender la emoción no significa estar de acuerdo con una idea incorrecta. Significa evitar una confrontación que probablemente no ayude a ninguno de los dos.
5. Reduce lo que ocurre alrededor
A veces el problema no está únicamente en la conversación. Observa el ambiente:
- televisión encendida;
- varias personas hablando al mismo tiempo;
- música alta;
- visitas;
- demasiadas preguntas;
- luces intensas;
- cambios continuos de actividad.
Las recomendaciones para familias destacan que algunos estímulos ambientales pueden aumentar la alteración y que incluso mantener varios aparatos encendidos simultáneamente puede resultar contraproducente.
Si notas que está sobrecargada, prueba algo sencillo: menos ruido, menos personas y una actividad a la vez.
6. Si una actividad está generando tensión, cambia el momento
No todo tiene que hacerse exactamente cuando estaba planeado. Si vestirse, bañarse, salir de casa o realizar alguna otra actividad está generando una discusión creciente y puede posponerse con seguridad, intenta nuevamente más tarde.
A veces funciona mejor cambiar de espacio o hacer primero algo familiar:
“Vamos a sentarnos un rato.”
“¿Quieres escuchar música?”
“Tomemos algo y después vemos.”
Cambiar el momento no significa renunciar a la actividad. Significa reconocer que ese momento quizá no era el adecuado.
7. Observa qué ocurrió justo antes
Cuando la irritabilidad se repite, intenta buscar un patrón. Puedes preguntarte:
- ¿A qué hora ocurrió?
- ¿Qué actividad estaban realizando?
- ¿Quién estaba presente?
- ¿Qué se le pidió?
- ¿Había mucho ruido?
- ¿Tenía hambre, sueño o alguna molestia?
- ¿Qué ayudó a que estuviera nuevamente tranquila?
Los manuales para familiares utilizan precisamente el registro de qué ocurrió, cuándo ocurrió, quién estaba presente y qué hicieron después para identificar patrones conductuales. No necesitas llevar un diario complejo. Una nota breve en el teléfono puede ser suficiente.
8. Recuerda que quien acompaña también puede necesitar detenerse
Acompañar repetidamente situaciones de irritabilidad puede ser agotador. Es normal que el familiar o la persona cuidadora también sienta enojo, frustración o cansancio. Los estudios recientes describen estrés, ansiedad, irritabilidad y alteraciones emocionales entre quienes brindan cuidados de manera prolongada.
Si notas que tú también estás perdiendo la calma, puede ser mejor alejarte unos minutos —si la persona permanece segura—, pedir apoyo a otro familiar o retomar la situación después.
Cuidar la forma en que respondes también forma parte del cuidado.
Qué suele empeorar el momento
Intenta evitar frases como:
“Siempre haces lo mismo.”
“No tienes ninguna razón para enojarte.”
“Ya te expliqué.”
“Te estás poniendo imposible.”
También suele ayudar evitar:
- discutir para demostrar quién tiene razón;
- hablar más fuerte porque no responde;
- dar varias instrucciones al mismo tiempo;
- apresurarla;
- confrontarla delante de otras personas;
- continuar una actividad cuando el miedo o la irritación están aumentando claramente.
La meta no es “ganar” la conversación. Es preservar, tanto como sea posible, seguridad, confianza y dignidad.
¿Cuándo conviene comentarlo con el médico?
Un punto especialmente importante es observar cómo empezó el cambio. Si una persona que vive con demencia siempre ha tenido cierta irritabilidad, puede formar parte de los cambios conductuales asociados con la enfermedad.
Pero si aparece un cambio brusco y claramente diferente de lo habitual, no conviene atribuirlo automáticamente a la demencia. Solicita valoración especialmente si la irritabilidad nueva se acompaña de otros cambios, como:
- mayor confusión;
- somnolencia inusual;
- fiebre;
- dolor;
- dificultad para comer o beber;
- cambios urinarios o intestinales;
- caída reciente;
- cambio importante en el comportamiento.
Los documentos revisados señalan que ante agitación o agresividad debe buscarse primero una posible situación subyacente antes de asumir que el problema necesita únicamente tratamiento para la conducta.
Una idea para recordar
La irritabilidad no siempre es simplemente “mal humor”. En una persona que vive con demencia puede ser una forma de expresar que algo le resulta difícil, confuso, incómodo o doloroso.
Antes de corregir la conducta, intenta comprender qué puede estar ocurriendo alrededor de ella.
Menos confrontación, instrucciones más sencillas, un ambiente tranquilo y observar los desencadenantes pueden hacer que muchos momentos cotidianos sean más llevaderos para la persona y para quienes la acompañan.
— Dr. David Asahel Alonso Alanis
VALORACIÓN DE MEMORIA
Si quieres comprender mejor cómo la demencia puede producir cambios en la memoria, la conducta y la autonomía, conoce más sobre Alzheimer y otras demencias.
Una valoración especializada puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y definir los siguientes pasos.
